Siglas: ¿versal o versalita?
Revisado: 2006-10-14
Las siglas plantean un importante reto a la tipografía actual. De reciente
aparición, el tratamiento ortotipográfico de las siglas ha pasado por una
evolución en la que comenzó como cualquier otra abreviatura (O. N. U.), para
reducir posteriormente el espaciado (O.N.U.) y finalmente suprimirse los
puntos (ONU). La evolución sigue abierta, porque la composición en
mayúsculas tiene un doble problema: las letras son más grandes en las
mayúsculas y sus trazos son por regla general más gruesos que los de las
minúsculas. Eso causa que las siglas creen «manchas» en el texto que
destruyen la uniformidad del gris tipográfico y que pueden distraer al
lector.
Desde los años ochenta, como poco, en inglés se ha aplicado la solución de
componer las siglas con versalitas, una idea que recibió un especial apoyo
en The elements of typographical style, de Robert Bringhusrt; si las
versalitas son reales, se corrige el problema del gris tipográfico. Sin
embargo, desde el punto de vista ortotipográfico, la propuesta no deja de
ser problemática, puesto que las versalitas han pasado a tener en el texto
la doble función de mayúsculas disminuidas (que ya tenían, pero sólo en
folios y títulos) y de un tipo especial de minúsculas. Peor aún, hay siglas
y símbolos que combinan mayúsculas y minúsculas (como ARNm), y la simple
sustitución de mayúsculas con versalitas produce resultados descuadrados; la
reducción de las minúsculas que algunos tipógrafos proponen es, simplemente,
tipográficamente inaceptable porque perdemos el equilibrio por el que se
supone se usan las versalitas. Además, hay que tener en cuenta que no todas
las familias tipográficas incluyen versalitas, y las seudoversalitas, que
algunos sistemas generan a partir de las versales por simple reducción,
tiene los trazos demasiado finos. En definitiva, por una razón u otra, hay
bastantes tipógrafos que ven en las versalitas una solución parcial y no es
de extrañar que se haya experimentado con otras posibilidades.
En los últimos años está ganando popularidad la composición con una letra
algo menor y con una ligera prosa (espaciado entre letras). Esa pequeña
reducción (cuyo valor exacto hay que tantear para conseguir un equilibrio
correcto) iguala los trazos de las letras mayúsculas y minúsculas (al menos
los de las astas más gruesas) y la prosa contribuye a que no se vea como un
bloque monolítico. Una de las ventajas de este sistema es que la combinación
de mayúsculas y minúsculas, que se da en algunas siglas, no queda demasiado
descuadrada. En todo caso, si no se tienen versalitas reales, es preferible
esta solución a las seudoversalitas.
El problema sigue abierto y es probable que aparezcan nuevas
soluciones. Quién sabe si, con el tiempo, el intermedio entre
versales y versalitas se impone y se acaban incluyendo con su propio
diseño en las familias tipográficas. Entre tanto, no hay que olvidar
la posibilidad de usar una fuente con poco contraste entre
mayúsculas y minúsculas, sobre todo en textos con muchas siglas o
símbolos.
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