Ortografía, tipografía y ortotipografía En qué consisten, para qué sirven, en qué se diferencian
Revisado: 2007-05-02
La ortografía es el conjunto de normas que regulan la escritura
de una lengua. La ortografía decide, por ejemplo, qué letras
concretas han de emplearse para escribir una palabra (como v o b,
g o j...), cuándo se emplean mayúsculas, el significado básico de
signos como la coma, las comillas, etc. La ortografía se aplica a
todo tipo de escritos, ya sean tipográficos o caligráficos.
La tipografía es el arte de crear y combinar tipos, es decir,
letras de imprenta, para producir libros, revistas, folletos, etc., con
el objetivo de facilitar su lectura y que el contenido se transmita de
forma eficaz.
La ortotipografía (en inglés typographical syntax) estudia la
combinación de la ortografía y la tipografía y concreta la forma en
que la primera se aplica en obras impresas. Un par de ejemplos pueden
ser ilustrativos:
-
la ortografía establece que las siglas han de escribirse con
mayúsculas, pero un tipógrafo observará que su mayor tamaño
produce «manchas» en
la página que pueden distraer al lector y por tanto se introduce la
norma ortotipográfica de que esas mayúsculas se pueden componer como
versalitas o a un tamaño menor;
-
el punto cierra oraciones, pero si coincide con una llamada de nota
voladita,
se pueden producir «escalones» visuales que, de nuevo, pueden distraer
al lector, por lo se desplazan las llamadas para que sigan al punto.
La tipografía a su vez se suele dividir en microtipografía y
macrotipografía. La microtipografía estudia la colocación de
las letras y los signos con relación a los otros, el espacio entre
letras o entre palabras, etc., por lo que se puede considerar que la
ortotipografía es una parte de la microtipografia; los reajustes en la
forma de las letras, que hoy son sencillos gracias a las tecnologías
digitales, también son parte de la microtipografía. La
macrotipografía se centra en la forma en que los bloques de
texto se distribuyen en la página y el efecto global que producen.
La composición tipográfica suele referirse a la
microtipografía, mientras que la maquetación o diagramación y
el diseño gráfico están relacionados con la macrotipografía. Por
medio de la compaginación, el texto compuesto se va
distribuyendo en las páginas según una maqueta dada.
Actualmente hay muy pocos programas que se centren en la
microtipografía, como hace TEX, ya que normalmente se da prioridad a
los aspectos más vistosos del diseño gráfico y macrotipográfico, como
ocurre con QuarkXPress o PageMaker. Sólo recientemente, el programa
de maquetación InDesign ha comenzado a prestar atención a la
microtipografía, aunque todavía quede lejos de sistemas como TEX.
La palabra tipografía también se emplea como sinónimo de
diseño tipográfico, que estudia las formas de las letras y los
signos para crear nuevas familias de fuentes. Sin embargo, en la
composición tipográfica el estudio de los estilos de letras también es
importante para su correcto uso.
En tipografía, como en ortotipografía, hay que tener presentes tres
factores: tradición, uniformidad y estética.
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La tradición nos permite reconocer los códigos y su significado
gracias a que nos resultan familiares. Por ejemplo, cuando queremos
hacer un inciso para aclarar algo lo podemos poner entre comas; no hay
más razón para usar precisamente esas comas en lugar de, digamos, dos
puntos o arrobas que la costumbre de verlo así.
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Con la uniformidad podemos interpretar mejor esos códigos sin
tener que preguntarnos a cada paso por su sentido. En cierto modo,
la uniformidad hace que esos códigos nos resulten invisibles.
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Finalmente, la estética nos alienta a ver esos códigos o, si
resultara feo, a rechazarlos. Un libro bien compuesto invita a la
lectura.
Ninguno de estos tres principios es absoluto. Podemos innovar con
nuevas formas de usar los códigos siempre que estemos convencidos de
que con ello el lector sale ganando y le compense el esfuerzo
adicional necesario para ajustarse a ese nuevo convenio. La
uniformidad puede romperse para destacar o señalar algún elemento, y
de hecho esa es la forma normal de hacerlo. En cuanto a la estética,
todos sabemos que los modas son pasajeras y por tanto no debemos darle
prioridad sobre otros factores, pero eso tampoco quiere decir que
debamos descuidarla.
Habría que añadir un cuarto factor: los condicionantes técnicos,
puesto que la tipografía depende de unos medios concretos. Sin
embargo, hay que evitar confundir la tradición con las normas surgidas
de las posibles limitaciones que en un momento dado impusieran las
tecnologías en uso (a este respecto, véase, por ejemplo, Los paréntesis).
Con todo, nunca debemos perder de vista el
objetivo último de la tipografía: el lector.
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