Los paréntesis Y cómo se combinan con las cursivas
Revisado: 2007-05-02
Función
La principal función de los paréntesis es delimitar una observación, un
dato o una aclaración en un texto. En este cometido, las rayas están
ganando terreno en los últimos años y a menudo, incluso tal vez en exceso,
reemplazan a los paréntesis.
Todo paréntesis de abrir debe cerrarse. Sin embargo, no todo paréntesis de
cierre tiene su correspondiente signo de apertura; el segundo caso se da
en enumeraciones, como «a) lo primero, y b) lo segundo».
Paréntesis con cursivas
Un problema tipográfico es qué hacer con los paréntesis si el texto que
contienen está en cursiva, en todo o en parte. La razón de ello se muestra
en la siguiente figura:
La f minúscula es la letra con más volado y en la que mejor se ve la
dificultad de emparejar la cursiva con paréntesis de redondo, pero de hecho
todas las letras cursivas presentan algún desajuste, en menor o mayor
grado.
Las dos soluciones aplicadas con más frecuencia en España hasta no hace
mucho son:
1) los paréntesis son siempre de redonda y se añade algo de espacio
de ser necesario;
2) los paréntesis son de redonda si van pegados a una letra redonda y de
cursiva si van pegados a una letra cursiva.
Cualquiera de estos dos sistema soluciona de forma coherente el problema
del encuentro de dos letras que se superponen: en el primero con la adición
de una corrección del espaciado (en TEX se conoce italic correction o
corrección de cursiva) y en el segundo con el empleo de un signo que por su
forma no presente el riesgo de superposición.
Los libros de tipografía como los de Morato (1908) y Martínez Sicluna
(1945) no son sistemáticos y según la página se aplica una solución u
otra. El de corrección de Fernandez Castillo (1956) o
Cómo se hace un libro de Euniciano Martín (1983) emplea siempre la 2.
Reciéntemente pasó por mis manos una edición de la gramática de Bello,
de cuidada composición, que empleaba siempre la 1.
Todo parece indicar que lo único que importaba a menudo era despachar
un problema de orden práctico y que el cajista de turno aplicaba lo
que creia más oportuno. Aunque no parece que la falta de uniformidad
o de estética preocupara mucho en estos libros, sino que sólo
interesaba la pura mecánica de ajustar dos letras, en otros muchos se
puede ver aplicada de forma sistemática alguna de las dos opciones
anteriores.
Otra norma de reciente aparición es:
3) si el texto entre paréntesis está completamente de cursiva, los
paréntesis van de cursiva, y si hay alguna de letra de redonda, aunque sea
una, va de redonda.
Veamos ahora ejemplos y la posible aplicación de estas tres posibilidades:
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La solución 2, que es la más fácil de aplicar, ha sido casi completamente
abandonada, tal vez por su falta de uniformidad y porque lo único que
hace es trasladar el problema de espaciado fuera de los paréntesis
(donde se sigue dando, aunque se note menos).
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Desde el punto de vista de la uniformidad, la solución primera es las más
adecuada, y si antiguamente en obras cuidadas se tomaba la molestia de
ajustar el espaciado, ahora esta posibilidad parece casi obligada, pues los
sistemas digitales permiten el ajuste con mucha más facilidad. Es una
tendencia dominante, defendida, por ejemplo, por Robert Bringhusrt, que
además recuerda que las primeras fuentes cursivas tenían los paréntesis de
redondo (lo que tal vez explique que en España esta opción haya sido tan
frecuente).
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La tercera opción parece difícil de justificar, pues no tiene relación con
el problema planteado: si se aplican las correcciones de cursiva, no hay
necesidad de pasar a cursiva el paréntesis (es decir, no hay por qué
aplicar dos correcciones), y si no se aplican las correcciones, el problema
persiste.
Una cuarta opción, procedente de Francia y que se empleó en España en
ocasiones es:
4) si el texto entre paréntesis comienza y termina en cursiva, con
independencia de si hay redonda o no en el resto de palabras, los
paréntesis van de cursiva; en caso contrario, van de redonda.
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